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Empire State, mucho más que una torre

Se presenta como el “edificio más famoso del mundo”, una expresión que pocos se animarían a discutir. El rascacielos de 102 pisos, con más de ocho décadas de historia, es el principal símbolo de Nueva York y una postal clásica de Estados Unidos.

Desde 1931 se erige en el medio de Manhattan una de las obras arquitectónicas más conocidas del planeta: el Empire State Building. El 1 de mayo de aquel año, el presidente Herbert Hoover encendió las luces del edificio presionando un botón en Washington y lo inauguró de manera oficial.

El Empire State, que durante 41 años fue el rascacielos más alto del mundo, no tardó en posicionarse como uno de los principales atractivos de Nueva York. Sobre todo a partir de 1933, cuando el estreno de “King Kong” ayudó a popularizarlo a nivel global.

Hoy es mucho más que una torre. Su hall, restaurado entre 2009 y 2010 y famoso por su sorprendente techo art déco, brinda acceso al centro de visitantes donde se compran las entradas para recorrer los distintos espacios del edificio, que se encuentra abierto todos los días del año entre las 8 y las 2.

El recorrido lleva, al menos, unos 25 minutos. El Empire State presenta dos exposiciones permanentes: “Sustainability” (dedicada a sus iniciativas para lograr la sostenibilidad) y “Dare to Dream” (donde se muestra la planificación y la construcción de la obra). Varios restaurantes, bares y comercios en el piso del hall principal también forman parte de su propuesta. Pero adonde todos quieren llegar es a sus dos observatorios, uno ubicado en el piso 86º y el otro en el 102º.

La plataforma del piso 86º, que se encuentra al aire libre, brinda vistas panorámicas de Nueva York y permite apreciar el Central Park, la Estatua de la Libertad, Times Square y otros lugares icónicos. Dieciséis pisos más arriba se sitúa la segunda plataforma que, en los días despejados, brinda una visibilidad de hasta 130 kilómetros.

Aunque el recorrido es imperdible, el Empire State puede disfrutarse desde afuera. Los colores de las luces LED instaladas en su sector superior cambian cotidianamente para sumarse a distintos festejos y homenajes, modificando de forma simultánea la apariencia del mítico skyline neoyorquino. Por dentro y por fuera, este edificio histórico nunca deja de maravillar.