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Milo Lockett: El arte solidario

“Me preocupan el hambre, el frío, la humanidad, la ecología, la sobrevivencia del planeta, las guerras… El mundo tiene que ser más equilibrado, la tecnología armamentista es terrible. Tenemos que luchar para que los países del planeta se desarmen, para que haya más comida, para cuidar el agua potable, para armonizar las relaciones entre países ricos y pobres, hay muchas cosas por resolver antes que preocuparnos por la obra de Milo Lockett” (Milo Lockett)

 Al entrar al taller de Milo en Palermo Hollywood uno comprende muchas cosas. Fundamentalmente la acción benévola del arte y la sanación que provoca en las almas heridas. Tal fue el caso del propio artista Milo Lockett que encontró en esta manifestación, un puente de salvación.
Los colores producen un estallido visual y los trazos infantiles nos transportan a los cálidos momentos de nuestra niñez. Quizás por ello Milo se califica como autodidacta, alguien que se apasionó por el dibujo y la pintura desde pequeño pero la transformó en su profesión por mera necesidad. Lo cierto es que su espíritu activo le imprimió su sello personal, convirtiéndose en una marca registrada. En muy poco tiempo, este hombre multifacético logró diseñar una notable identidad artística que lo destacó, incrementando a través de su obra acciones solidarias dentro y fuera del país. También se tornó en un éxito de ventas, sin precedentes en aquella época. Actualmente tiene sus propios espacios donde logra plasmar su talento, uno en el barrio de Palermo y otro en Barracas, en la capital porteña, dos lugares de trabajo incesante y de creación permanente.
Él mismo afirma que sus referentes en el ámbito pictórico han sido su primera fuente de inspiración, y así destaca a Jorge de la Vega, Nigro, Macció y también al deslumbrante pintor Deira. Con el correr de los años, este solidario y prestigioso artista plástico chaqueño adquirió una personalidad bien definida cautivando por su estilo a coleccionistas, empresarios, empleados y jóvenes deseosos de poseer alguna obra del artista. “El arte debe ser accesible a todos”, nos manifiesta en la cálida charla que mantuvimos en su taller de Palermo. “Es muy bueno que todos puedan acceder a una obra porque el arte es un derecho de todos, cumple numerosas funciones y soluciona muchos problemas. Si trabajamos en la primera infancia priorizando el estímulo a la sensibilidad, ésta se incrementa porque se practica como cualquier otra cosa, como el amor, por ejemplo. Si trabajás esta cualidad desde la infancia, vamos a tener una sociedad muy sensible. Creo en esto a ciegas, es una actitud, por ello considero que nos falta juego, a nuestra educación le falta jugar. A veces me preguntan qué significa que algunos de mis trazos infantiles no tengan brazos y yo les respondo que no quiero decir nada, que yo pinto así. Por eso digo que la palabra arte es muy rígida, soberbia y pretenciosa. A mí, en cambio, me gusta crear jugando, hoy mis obras son una intención, sino yo sería un genio y no es así”.

Milo, ante todo, ¿por qué elegiste la pintura como puente de salida a una crisis?
Lo cierto es que dibujé siempre desde chico, pero nunca imaginé que sería mi profesión, recuerdo que como era muy inquieto vendía ajos en aquellos primeros años. En realidad hice de todo. Lo último que logré fue armar una industria textil estampando remeras, pero en 2001 me fundí. Tenía una fábrica muy grande que había hecho con mi esfuerzo y mi dinero, fue durísimo tener que cerrarla, porque mi sueño era ser industrial. Eso me afectó mucho y me refugié en la pintura. Entonces todo se adelantó, el salto a esta profesión fue muy rápido, ni pude procesarlo, simplemente lo visualicé con los años. Eso hace que uno se ponga más responsable cuando se da cuenta en qué se convirtió; hoy soy un referente para mucha gente, trato de ser ubicado y medido cuando le pongo palabras a la pintura, sino parece que uno dice siempre certezas y pienso que uno se construye sobre errores.

Me llama la atención cuando decís que no te interesa que tu pintura sea una obra de arte sino que tenga una acción solidaria…
Sucede que los artistas tienen la idea que hacen obras de arte todo el tiempo, yo no creo que sea tan así, solo se puede ver con los años. No quiere decir que todas las veces que uno pinta es una obra de arte: uno pinta un cuadro, hace una pintura, es un poco soberbio pensar que uno hace obras de arte todo el tiempo. Por eso no se puede decir hoy que lo que yo hago es arte, se va a definir con los años, igual que sucede con cualquier otro artista contemporáneo. El arte se mide por lapsos muy largos, se hace un corte cada cincuenta o cien años y se revisa la historia.

¿Cuál es la cualidad que más amás en vos mismo?
Me complace sentir que mi pintura llega mucho, que la gente se conmueve y los niños también, y eso me estimula, me dan ganas de seguir pintando. Soy hiperactivo y cero divismos. Soy una persona alcanzable, y como te dije, todo lo hago de un modo muy genuino, soy esto que se ve, no hay nada más.

¿Cómo lográs que trascienda tu obra en el plano social y solidario?
Lo que tiene de bueno colaborar es que la sociedad fue muy buena conmigo, tuve y tengo mucho público y gracias a eso puedo ser artista, si no hay público uno no puede hacer una carrera. Me parece que aprendí en mi casa la parte solidaria y la puse en práctica, lo heredé de mis padres. Es algo que se practica todos los días. No sos solidario de a ratos, sino en la construcción de tu vida, yo trato de ser solidario con mi entorno y después salgo de allí, entonces lo practicás en la vida. Hay que practicar las palabras, uno dice “yo amo”, ¿cuánto de ese amor es cierto? El amor es hermoso pero hay que demostrarlo con hechos.

Con el Garrahan Buenos Aires y el de Resistencia hiciste una obra magnifica, contame cómo fue…
Fui un colaborador más, fuimos muchos los que en realidad formamos parte para que se construya el Garrahan Resistencia. Ahora queremos hacer una casa para los padres en Buenos Aires, es el nuevo proyecto, muchas veces ellos vienen con una realidad muy vulnerable, o de un entorno donde no hay trabajo, con otros hijos, hay muchas situaciones que pasan alrededor de los hospitales. Cuando ves ese mundo invisible te das cuenta qué útil puede ser ese granito de arena que podés poner a la sociedad, es una elección que uno hace, no es para todo el mundo, no se obliga a nadie, cada uno sabe lo que tiene que hacer, es un mundo adulto y para adultos. Está bueno que uno lo practique, mucha gente, al ser yo un referente, tiene empatía, se solidariza y eso hace todo más fácil, es una elección de vida…

Me comentaste que, a pesar de haber alcanzado fama y reconocimiento como artista, preferís ser recordado como alguien comprometido en lo social…
Sí, es verdad, porque me preocupan el hambre, el frío, la humanidad, la ecología, la sobrevivencia del planeta, las guerras… El mundo tiene que ser más equilibrado, la tecnología armamentista es terrible. Tenemos que luchar para que los países del planeta se desarmen, para que haya más comida, para cuidar el agua potable, para armonizar las relaciones entre países ricos y pobres, hay muchas cosas por resolver antes que preocuparnos por la obra de Milo Lockett.

Cuando haces una exposición de arte, ¿cuál es esa emoción que querés despertar en los que están viendo tu obra?
Yo soy un artista que pinto para mí, me tiene que gustar primero a mí y tengo que estar contento con lo que hago para mostrarlo. Si uno quiere lo que hace y ama su trabajo, es un poco más fácil el camino para el otro, es una elección del público. Las emociones uno no puede manejarlas, puede quizá sugerir y mostrar algo, pero es el espectador el que va a determinar si siente algo, si se emociona o no, hay que ser menos pretencioso y no generarse tanta expectativa. Disfruto pintando y no me cuestiono nada.

 

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Texto: Lic. Kamala Bonifazi