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París de noche: Mágica y encantadora

A la capital francesa se la conoce como “Ciudad de la luz”. Aunque existen diferentes versiones acerca del surgimiento de ese apodo, es inevitable asociarlo a la magia que adquieren sus calles cuando el sol ya se marchó y la iluminación artificial se hace presente.

Un mundo nuevo asoma cada noche en París, con los bares y los cabarets como puntos de encuentro y los puentes que cruzan el Sena convertidos en los escenarios más románticos gracias a sus pintorescos faroles.

Tal vez sea por la decisión de Gabriel Nicolas de la Reynie, responsable de la policía local, quien en el siglo XVII ordenó instalar antorchas y lámparas de aceite en las calles de la ciudad para mejorar la seguridad nocturna, creando uno de los primeros alumbrados públicos del mundo. O por la implementación de un extenso y por entonces novedoso sistema de alumbrado a gas en la década de 1830. No están claros los motivos: incluso hay quienes aluden a una metáfora vinculada a la Ilustración. Lo cierto es que, desde hace muchos años, a París se la conoce como la “Ciudad de la luz”.
Y la iluminación, por supuesto, brilla después del atardecer. Una vez que el sol se oculta, en la capital de Francia se renuevan los encantos: los múltiples atractivos diurnos dejan paso a otros tantos que hacen su aparición con la luna y las estrellas como testigos.

De café en café, arrancando por “Les Deux Magots”, en Saint- Germaine-des-Prés

Caminar por las calles parisinas en horario nocturno es una de las actividades favoritas de los visitantes. Emulando a la Maga y a Oliveira, los personajes principales de “Rayuela”, muchos eligen perderse por callejones y puentes iluminados por faroles. Cualquier paseo improvisado, en este marco, tiene todo para resultar romántico.
Los bares, por supuesto, son destinos muy populares en las noches de París. Barrios como Le Marais, Saint Germain y Montmartre presentan una amplia variedad de cafés, coctelerías, cervecerías y otros establecimientos que invitan a beber y a socializar en un clima distendido.
Les Deux Magots, en Saint-Germain-des-Prés, es un clásico. Nació como tienda y, en 1885, se reconvirtió en café. A lo largo de su historia, por sus mesas pasaron Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Ernest Hemingway y Pablo Picasso, entre otros grandes escritores y artistas. Cerca de él se encuentra el Café de Flore, que tuvo a André Breton, Guillaume Apollinaire, Boris Vian, Truman Capote y Jim Morrison entre sus clientes habituales.
En la zona de Notre-Dame-des-Champs, La Closerie des Lilas es uno de los lugares más elegidos después del anochecer. Restaurante y piano bar fundado en 1847, supo recibir a Picasso, Hemingway, Verlaine y más personalidades.
Es probable que cada parisino, y cada turista, tengan su bar preferido. La ciudad cuenta con tantos espacios perfectos para seguir pasándola bien luego de la caída del sol que elegir uno solo es una tarea difícil. Lo mejor: animarse a recorrer distintos lugares y dejarse cautivar.

Todo el glamour en los atractivos nocturnos

Imposible no asociar la vida nocturna de París a sus cabarets. La música, el baile y la sensualidad se combinan en casas que lograron atravesar distintas épocas y actualizarse para seguir seduciendo a sus visitantes.
El Moulin Rouge es uno de los mayores símbolos parisinos. Abrió sus puertas en 1889 por iniciativa del catalán Josep Oller y le cambió la cara a Montmartre a partir de la contratación de artistas y bailarinas de renombre internacional. Charles Aznavour, Frank Sinatra, Yves Montand, Édith Piaf y Liza Minelli están entre las figuras que brillaron sobre el escenario del Moulin Rouge, cuyas revistas atraen a más de 600.000 personas al año.
El Lido de París no se queda atrás en cuanto a popularidad. En la Avenida de los Campos Elíseos, las Bluebell Girls y los Lido Boys sorprenden con sus plumas y sus sombreros mientras desarrollan con precisión sus coreografías. “Paris Merveilles” es el show creado por Franco Dragone que, desde 2015, es la propuesta principal del Lido.
Otro cabaret que nadie que llega a París debería perderse es el Crazy Horse, que ya supera las seis décadas de historia. Dita von Teese, Pamela Anderson y Arielle Dombasle se presentaron sobre sus tablas en los últimos años y enriquecieron las tradicionales alternativas de este sitio que se destaca, entre otras cosas, por la iluminación de sus espectáculos. Una cualidad, claro, a tono con lo mejor de la “Ciudad de la Luz”.

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Texto: Redacción Sólo Líderes

Fotos: Efraín Dávila