Thmubnail
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Hay quienes esperan las vacaciones para sentarse plácidamente en una reposera y,
desde la orilla, perder la vista en la inmensidad del océano. Otros, en cambio, eligen
ese momento para adentrarse en el mar y, con una tabla como única compañera,
tratar de domar las olas más grandes. El surf es apenas una de las propuestas que
suelen considerar aquellos que disfrutan con el crecimiento de los niveles de
adrenalina. Arrojarse en paracaídas, trepar las montañas más altas, hacer piruetas
sobre un skate o enfrentar los rápidos de un río con el rafting son otras opciones que
exigen al máximo las capacidades físicas y requieren una buena dosis de coraje.
Los deportes extremos demandan un rol muy activo: a cada paso hay un obstáculo que
resolver, una barrera a superar. Hay que contar con un estado corporal que esté a
tono con los retos y una mente con la fortaleza necesaria para no perder el impulso si
las energías comienzan a escasear y las dificultades parecen insalvables.
En este tipo de prácticas, el principal rival es uno mismo. Controlar los miedos, no
perder la concentración y actuar con determinación, son las claves para mantenerse a
salvo cuando un paso en falso puede atentar contra la integridad. Convivir con el
peligro no es para cualquiera.
La importancia de la vida sana
Si bien cada actividad necesita una preparación específica, los deportes de aventura
van de la mano de una vida sana. Las personas que deciden arriesgarse en pos de
experiencias de gran intensidad suelen comprender la relevancia de cuidar la salud
para explotar todo el potencial del ser humano. Realizar ejercicio físico de manera
cotidiana, llevar una dieta equilibrada y evitar hábitos nocivos como el tabaquismo y el
consumo excesivo de alcohol forman parte de los pilares que convierten a un individuo
en un atleta apto para desenvolverse en las condiciones más adversas.
Para muchos, estos deportes están lejos de ser un pasatiempo. Entregarse a este tipo
de acciones es un modo de vida, casi una filosofía que se integra a la propia
personalidad. La satisfacción aparece a lo largo de todo el camino, no solo en el
momento de escalar, saltar al vacío o sumergirse.
Compromiso y responsabilidad
No hay que olvidar que si bien el riesgo es un componente central del cóctel, nadie
que opta por realizar una actividad de esta clase desea sufrir una lesión ni mucho
menos perder la vida. Por eso hay un compromiso con el cuidado del cuerpo y

responsabilidad para tener en cuenta las normas de seguridad de las distintas
disciplinas.
Los cascos, las rodilleras, los guantes y los arneses son algunos de los accesorios e
implementos que de acuerdo al tipo de deporte, tienen que usarse. Nunca se deben
subestimar los riesgos ni hay que sobrevalorar la habilidad propia: un error puede
resultar literalmente fatal. La premisa es gozar la experiencia extrema sin actuar de
manera irracional.

Madre
Naturaleza
Muchas veces el riesgo inherente a estas disciplinas se encuentra en el contexto. Las
condiciones del entorno natural imponen sus reglas y a los atletas no les queda más
que respetarlas. Un río con sus corrientes feroces y sus saltos más abruptos, una
montaña con cumbres gélidas, un mar embravecido… El planeta ofrece su cara más
indómita a los valientes que se atreven a incursionar en estas iniciativas. Hay, por
supuesto, una enorme belleza en el ambiente, con el cual se establece una verdadera
comunión.
Así como estos ejercicios remiten a una vida saludable, también se acoplan al cuidado
de la ecología. Para realizar buceo libre y sumergirse a grandes profundidades sin
asistencia de un tanque de oxígeno hay que sentir un amor genuino por el océano y las
especies que habitan en él. Lo mismo para nadar en aguas abiertas o realizar surf,
kitesurf y otras actividades acuáticas. ¿Cómo no va a aspirar a preservar el planeta
aquel que se traza el objetivo de llegar a la cima de un monte o hace trekking en la
selva? El lazo con la naturaleza se afianza en cada jornada deportiva, en cada
expedición.
De lo más alto a lo más profundo
Los deportes extremos o de aventura tienen la particularidad de desarrollarse en los
marcos más disímiles. El conjunto de estas actividades es tan amplio que pueden
proponer lanzarse desde un avión o explorar las profundidades submarinas. El
paracaidismo es una alternativa muy conocida pero que a la hora de la verdad, pocos
se animan a vivir. Si el miedo a volar es habitual, más aterrador resulta saltar de una
aeronave en pleno vuelo. Incluso existen modalidades que prescinden del paracaídas
tradicional, como el wingsuit, que se lleva a cabo con un traje que dispone de alas para
planear. Los grandes saltos también pueden darse desde estructuras ubicadas en la
tierra, como sucede con el llamado puenting o puentismo, que incluye el popular
bungee-jumping. Sin despegar los pies de la superficie, las alturas aguardan en
montañas y volcanes. La escalada puede desarrollarse de distintos modos e incluir
rapel o barranquismo, por ejemplo.
En el agua son múltiples las propuestas. El rafting, el surf, el windsurf, el kitesurf, el
kayak y el buceo, cautivan con diferentes grados de dificultad, a millones de personas
en todo el mundo. Y aunque viajar y acercarse a la naturaleza siempre es tentador, la
adrenalina también puede dispararse en el corazón de una ciudad. El parkour supone
aprovechar la capacidad física para dirigirse de un punto a otro del modo más directo,
sorteando las barreras arquitectónicas a pura destreza.

Los deportes extremos demandan un rol muy activo: a cada paso hay un obstáculo que
resolver, una barrera a superar porque tienen la particularidad de desarrollarse en los
marcos más disímiles. El conjunto de estas actividades es tan amplio que pueden
proponer lanzarse desde un avión o explorar las profundidades submarinas.
El planeta ofrece su cara más indómita a los valientes que se atreven a incursionar en
estas iniciativas. Hay, por supuesto, una enorme belleza en el ambiente, con el cual se
establece una verdadera comunión.