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A Fussen se puede llegar en coche privado, transporte público o una excursión contratada de día entero. En mi caso, decidí aventurarme a conocer cada rincón por mi cuenta y experimentar la excelencia del transporte público alemán, tal como me habían comentado.

Si estás alojado en Munich, el primer paso es tomar el tren desde la estación central, hasta Füssen. El día comienza recorriendo el pueblo, sin embargo el objetivo inicial del día era visitar el Castillo de Neuschwanstein, mi entrada correspondía al ingreso de media mañana, por lo cual no había tiempo que perder. Tomé el autobús número 73, dirección a Steingaden / Garmisch-Partenkirchen, siendo la parada de destino Hohenschwangau / Alpseestraße. Desde ésta podemos caminar, sin problema alguno, unos veinte minutos hasta la base del castillo. Si estás alojado en Füssen, podés ir caminando unos cuarenta minutos aproximados o en bici hasta Schwangau. Mi llegada a este pueblo medieval me dejó maravillada, tal como salido de cuento, cada rincón tenía un encanto único y especial.

Castillo de Neuschwanstein

El Castillo de Neuschwanstein se encuentra en la localidad de Schwangau, a unos 4 km de Füssen, 5km de la frontera con Austria y 120 km de Múnich, que es la ciudad desde la cual llegan la mayoría de visitantes. El monumento más famoso de Füssen fue un capricho del rey Luis II de Baviera, más conocido como el Rey Loco. Este castillo es uno de los lugares más visitados de Alemania y suele aparecer como imagen de portada en las guías de viaje del país. Y es que el Schloss Neuschwanstein es probablemente el mejor ejemplo de «castillo de cuento de hadas» que podemos ver en Europa. Es una maravillosa construcción de ensueño que inspiró al mismísimo Walt Disney para la creación del castillo de la Bella Durmiente. Lo que lo hace tan especial no es solo su bellísima estampa, sino su idílica ubicación a los pies de los Alpes Bávaros, donde encontramos un precioso valle en el que no faltan coquetos pueblos y grandes lagos.

A pesar del aspecto medieval con el que se construyó el castillo, éste incorporó numerosas modernidades para la época. Contaba con calefacción central de aire caliente, luz eléctrica, agua corriente caliente y fría, desagües automáticos e incluso una línea telefónica incluida. El ticket se compra abajo, en el pueblo de Schwangau, antes de empezar la cuesta hacia el castillo. Es importante utilizar ropa cómoda para subir las colinas que llevan al castillo. Si bien se puede ver desde muchos sitios, la panorámica que deja boquiabiertos a todos los turistas se toma desde el Puente de María, un puente colgante que atraviesa el desfiladero de Pöllat. Está a unos 600 m de la entrada y se puede llegar caminando o en bus. Sin duda alguna, es la mejor perspectiva que se puede tener de tan maravillosa construcción.

En el recorrido, se visitan unos catorce espacios, siendo la cocina, la Sala del Trono y la Sala de Cantores los centrales. La Sala del Trono, que no estaba destinada a actos oficiales, es simplemente el paradigma de los delirios de Luis II, que se hizo construir esta especie de lujosa capilla. Cada uno de sus espacios está inspirado en sagas medievales.

Dejarme capturar por lo magnifico del paisaje y la cautivante historia, excentricidad y romanticismo del rey Luis II, es algo que no olvidaré jamás de este destino de cuentos de hadas.